La tendencia de querer preguntarse el origen de las cosas, bien sabido es que resulta inevitable. Pero, en aquella energía que empleamos para querer descifrar (ya sea un conocimiento casual, como el generado causal), debería estar contenida la prudencia (aunque en la casualidad sea difícil hallarle, me parece justo que se deba estar preparado).
Refiérome a ella de manera entrañable porque sinceramente, le he encontrado el rostro de frente muy pocas veces. Dicen que reconocer puede ser un primer paso a cualquier cosa. No lo creo tan fácil, digo… Reconocer en palabras siempre ha sido sencillo. Reconocer frente a otros cosas de este tipo. que en balanza con otras de mayor peso relativo, también es pan comido. Entonces, estoy seguro que va más allá de ello.
Iniciemos delimitando la definición de prudencia, atañándola al buen juicio y al buen discernimiento. Dicho esto, podemos continuar con la reflexión de la madrugada, generada por el primer conocimiento que adquirí de forma casual, que después, con interés indefinido, llegó a ser un conocimiento con lujo de pretender ser originado por y para una causa. ¿Cuál? Aún no lo sé… Pero advierto que sé que podría estarse dibujando. O no. También podría tratarse de un simple berrinche y sorpresa de un pensamiento noctámbulo.
Creo fielmente que después de cada acto, precede una consecuencia, inevitablemente. Ya sea mental, física, espiritual, amorosa, religiosa… En fin, me descontrola a veces que las posibilidades sean tan infinitas en un lo que podría aparentar un sólo ramaje. Lo plausible de esta noche, solamente es que, como siempre, tomo este espacio para dirimir parte de mi pesar creado y recreado. Lo que podría llegar a ser inadmisible, sería algún tipo de actitud en pos de la sospecha, y las indagaciones más allá de las permitidas para el equilibrio mental ( sólo por ello siempre le he hecho fanfarrias a la frase que envidia a la ignorancia. Sí, sólo por la salud mental).
Llamo entonces a la prudencia a mi ser. A cada uno de mis actos y pensamientos, y que apacigüe la intranquilidad que en algún momento pueda tener por la falta de dominio propio, generado a su vez por la mala administración del tiempo, esfuerzo. Parece que termino siendo duro conmigo mismo, ¿ah? Ni sí, ni no. Entiéndase como lo que es. Es como lo que se entiende. O simplemente, no se lea nunca lo que uno escribe arrebatadamente. Sobretodo cuando se vuelve a la práctica (jaja al parecer podría dejar de ser arrebatado, si la práctica fuera fructífera, pero eso… Es otro tema - diría Sara García, la del chocolate abuelita. O mi madre. O la tuya - sin ofender).