Encontrar motivaciones ¿Siquiera debería existir tal recordatorio en mi mente? Las cosas que hago y por las cuáles las hago: cada vez se ven más borrosas. Se deterioran con el paso de las las horas, los días.
No me dan ganas de hacer nada. Pasármela acostado en la cama, desperdiciando los hermosos días de sol, de lluvia, de frío, calor. Desperdiciando el talento, las ideas, las alegrías, ilusiones, la fuerza, JUVENTUD. Pero… ¿Qué importa? Finalmente, ¿Quién se daría cuenta?, ¿Sería una afectación al mundo? No lo creo.
Motivaciones o desmotivaciones. De esas se encuentran en cada esquina. Todas son sólo espectros secundarios de colores. El final, puede ser predicho, pero nunca estar 100% seguro de ello. No con los humanos.
Puede llamársele depresión chica, depresión oculta. Todo debido a los malos actos consecutivos, que combinados, obviaban un mal final. Y por no estar tan seguro, por aquello de la premisa de arriba, fallé. Me confié, caí. Y por ahora el olor del suelo, de la tierra no ha molestado a mi olfato como para huir. Es en cierto modo, un tanto envolvente, atractivo, como los sonidos exteriores de animales, plantas, viento, libertad condicionada a sólo ser libre, desprendida de las armas de doble filo del pensamiento.
Pienso que las depresiones no deben contarse, porque son como un virus mortal. Tampoco creo que sea mejor guardarlas, pero me choca estarme quejando. Porque cuando lo hago, mis quejas carecen de sentido. Es entonces cuando me siento ridículo, porque aunque no tengan sentido, no puedo erradicarles.
Tengo varios ultimátums: Los escolares, musicales, parentales, propios. Y estos últimos son ridículos, pues se basan en los anteriores, que aunque con mayor fuerza: sin éxito.
Triste. Tengo hasta este domingo.
(Me ahogo en mil vasos de agua, que si no detengo, se conviertirán en Mar)
Todas las cosas son temporales, tanto es así, que hasta lo más importante del ser humano, su propia vida, lo es también. El tener miedo a que las cosas se agoten podría ser irracional, cayendo en la lógica de la premisa primera, pero al mismo tiempo se convierte en algo que nos mantiene luchando por lo que queremos, porque éstos continúen hasta el último minuto que podamos. Sin embargo, la realidad es más dura que los simples sueños o deseos. La realidad puede ser una brecha grande o pequeña, por la cuál es necesario pasar. A veces tiene muchos obstáculos, unos un poco agradables, y otros lastimeros como ellos mismos. A fin de cuentas, traspasando aquello, podemos tomar decisiones más madura y tranquilamente, y más aún, si así lo deseamos, podríamos invertir emociones para obtener retribuciones a largo plazo, que a diferencia de lo efímero, si las emociones interfieren, el riesgo de ser lastimado es mayor: a pesar de ello nos aferramos a optar por la segunda alternativa. ¿Que si duele? Pregúntenmelo, o a ustedes mismos… No obstante, el tiempo sabiamente decide qué hacer, y lo que mejor puede hacer es: pasar. Con su paso lleva nuestros años, experiencias, enojos, alegrías, amarguras. Y las lleva a un lugar donde no se puede regresar ahí. Lo único que queda es el placer de recordar, en la memoria misma, que sólo son transformaciones de lo real a lo imaginario; y a su vez, le añadimos a veces cosas que queremos recordar siempre, cómo lo queremos recordar; tal vez que nos duela un poco menos o hasta decidir que nos guste más. Sí, nos engañamos a veces, pero es válido. Válido es porque a fin y a cabo las cosas terminarán algún día, los ciclos han de cerrarse y todos comenzaremos de nuevo en el pensamiento de alguien más, en las huellas que hayamos dejado, o en el legado que heredamos en diferentes artes, y podremos alegrarnos ahora, hoy, si lo hemos estado cultivando así. Y después de eso, morir en paz. Morir en ciclos. Ciclos terminados, ciclos nuevos, simplemente ciclos.
¿Qué queremos los jóvenes de hoy?, ¿Qué es realmente necesario en nuestras vidas?, ¿Qué para ser feliz?, ¿Qué para exitosos ser?, ¿Existe la combinación de ambas?
A pesar de esas preguntas tan trilladas, estoy en duda conmigo mismo. Y en deuda también. Me debo más respeto y credibilidad a lo que quiero. Necesito concentrarme en mí, no de esa forma egoísta en la que lo he estado haciendo los últimos años. Sino creer que lo que quiero hacer es lo que me hará feliz, y por ende feliz a las personas que quiero. Una maestra, muy querida, por cierto, me decía que detestaba los fines de año y todas esas fechas que la tierra ha designado como nostálgicas, pues aunque uno no lo desee, se pone a pensar y reflexionar el paso de su vida, a dónde quiero llegar, en dónde me encuentro y de dónde vengo, qué quiero, qué quise y qué querré. En medio de quiénes y qué cosas quiero estar y si estoy lográndolo. Bueno, he ahí el dilema de muchos y hoy, lo hago mío. ¿En qué se ha basado mi vida? ¿Verdades, mentiras? ¿Tristezas, enojos, alegrías? Todo ello es cuestión de estar en dilemas, siempre. Es como una adicción. El tiempo, sin embargo, siempre reprochará. Aún un segundo perdido (cuales he gastado y desgastado como si fuera millonario del tiempo). He ahí el problema de muchos, algunos cuidan su tiempo cuál fortuna verdadera, pero a veces le cuidan de más, que olvidan su felicidad; algunos otros le derrochan como si todos los días fuera su último día, y bueno, tal vez han llenado su jarrón de la felicidad una y otra vez, pero al final, siempre se drena. ¿Por qué? ¿Entonces cuál será la clave? Entonces, en las situaciones difíciles me autocuestiono qué es lo que en realidad me mueve, para no tomar decisiones precipitadas. Pero de tanto pensar, se vuelve una idea rumiante en mi cerebro, que al final, sólo deja las cosas peores de como empezó: No se distinguen las ideas principales y todo es ahora un licuado de pensamientos pasados y algunos nuevos que se le han adherido sin querer. Hace rato caía en la reflexión: ¿Te habías dado cuenta que el tiempo es más rápido cuando lo ves hacia atrás? Mientras lo vives, es un poco lento, si lo ves a futuro es aún más lento, pero si lo revisas hacia atrás, el tiempo pasa rapidísimo, en un parpadeo, cuando te das cuenta ya mides lo doble de lo que medías hace 10 años, que viéndolo en sueños son como 2 días.
Ahora, después de haber reflexionado en ello, volteo y sé que ahora es más sensato tomar decisiones. Y eso es lo que pido, nada más.
Hay veces en que se extraña mucho a alguien. Tanto que le ves en sueños, pensamientos, frases, música. Sin embargo, cuando llega la hora de enfrentarle, aquella persona, ahogada en fama, amigos y viajes, ha perdido todo sentido de recuerdos pequeños en ciudades pequeñas. Existen tantas imágenes, recuerdos y sonidos todos los días, que los anteriores se van quedando en el pasado, sin dejar huella de que alguna vez estuvieron ahí. Siempre son reemplazadas por nuevas experiencias y gente que alumbra con sólo sonreír. Qué puedo decir ante ello. He perdido, y aunque yo no sea más alguien que esté ni aún en la bruma de tus pensamientos, tú sí estás en los míos. Y con eso sobra. Nos recuerdo juntos, al piano. Riendo, llorando, enamorando. Y todo lo demás lo dejo en blanco, como la nieve, como el Mar. Para olvidar que nos olvidamos, que me olvidaste y que yo con el tiempo lo haré. Mientras tanto te recuerdo bella.
Si existes o no, es sumamente trivial. Prefiero mantenerme despierto hasta que las ganas de reencontrarte y reconocerte en mis sueños se olviden por la ebriedad del sonambulismo.
Nunca he entendido las actitudes mías. Nunca he entendido las actitudes de externos. Aunado a que nunca he entendido la combinación de ambas.
Siempre existe una retroalimentación, lo sé. A pesar de todo y todos. Los viajes que interconectan las ideas de mi mente, fascinan mucho al público de mis quejas, cargas, enojos. Salen entonces de diferente humor, transformados en su antónimo.
Ese quiero ser. No el antónimo de mi, sino el yo con los antónimos de los males.
¿Los males? No existen, no porque no quiera verlos. Simplemente agradezco que no hayan tomado formas físicas difíciles de moldear, vencer, comer.
Los males, los bienes, los todo. Eso quiero, sí.
Admito que nunca sé por dónde empezar. Al menos idear la imagen del futuro, es casi imposible para mí en un principio. Después de varias trampas de muestras rápidas como flashes, voy aprendiéndome el camino. Sí, sé que es trampa, pero ojalá encuentre otro modo más efectivo de hacerlo. Más que efectivo, eficiente, pues de tiempo siempre hablo y pongo en cuestión. Tiempo. Cuando hablan de la relatividad del tiempo, me fascina cuando también existe la aplicación a las repercusiones que genera dicha relatividad en algo físico.