No sólo soy yo, sino Caos en mí.
Sin satanizar la suposición, entendiéndola como método de sobrevivencia, ¿qué, pues, se puede hacer para seguir usándola, a favor?
Ante la suposición y la aparición de un ceño fruncido, aparece también la mediación entre ejecutar la acción y preguntarse más, incluso fuera de uno mismo, para resolver y entonces decidir.
De las agendas (si es que hubiera), propias y ajenas.
Los días difíciles que faltan por venir.
Respiración.
Entre sueños resuelvo.
4:44
The feeling of concern for the whole experience being based on hunches (or hints), turns into deep sadness when the prediction is correct: it was indeed a House of Cards.
Tenemos la luna, para aliviarnos. Para estar cerca. Para atraernos. Pasa de mis brazos a los tuyos. Y estamos en ese constante juego. Sin palabras, sentimos. Sin tocarnos, sentimos. Con mirarnos, sentimos. Y también nos vemos a través de la luna. Allá estás y aquí también.
Ten cuidado
Porque te puedes enamorar. Porque puedes malinterpretar algo de lo que ni yo estoy seguro. “Ten cuidado” son las palabras que anteceden a la autopresentación. Es como firmar un contrato de nula responsabilidad antes de adquirir nada. Y predispone. Y limita. Y no fluye. Pero no la segunda persona. Sino nosotros mismos, quienes ponemos esta barrera desde el inicio, el intermedio o el final.
Ten cuidado, te puedes lastimar si te acercas. Aquí, un espinal ya se ha descubierto como espinal. Pero insiste en seguir comunicándose con los humanos y como humano. Entonces… no es tan espinal después de todo. Solo no está siendo honesto con los verdaderos sentimientos. Porque es bonito tener quien le quiera, gustar y atraer. Es bonito, sí. Hasta el punto en que no se tenga que poner el contrato de por medio: “Te dije que no te enamoraras, que tuvieras cuidado. No te quiero.”
Pero a veces uno actúa como joven, o como se le atribuiría a uno: irresponsables, incoherentes, inexpertos. Para algunas cosas sí. ¿Para qué tener cuidado, si de por sí es inevitable lastimarse?
Bailemos. Con cuidado. (Sin)
A veces, nos es fácil buscar y encontrar receptores de lo que tenemos para decir, dar, hacer, amar. Una vez encontrado, lo amoldamos para que sea exactamente lo que necesitamos en el tiempo que sea posible, esto con el fin de tener seguro todo eso que damos y, en todo caso, recibir ecos de eso mismo disfrazados de reciprocidad. Pero cuando de pronto una pizca de lo planeado se sale de control, sabemos que es tiempo de reemplazar y emprender la búsqueda del nuevo receptor, para iniciar la transferencia de todo lo que habíamos dado al anterior y configurar al nuevo.
Escribir esto me provoca náuseas como esperanza de sentirme humano. Pero la frialdad y el egoísmo no desaparecen. ¿Qué pues, puedo hacer para enfrentarlas?
Heimkehrende Bauern (1930) by Karl Adam Vollmer
Hay mucha tristeza en este mundo
El virus es tan potente que a millas de distancia se puede contagiar. Las lágrimas son el elixir perdido, pues llorar ya no es tan fácil. Una sombra terrible invade los caminos recorridos y nubla la vista para fallar en los que faltan por recorrer. Ya no tengo saciedad, busco cualquier pretexto para solapar los deseos, pero en breve tiempo desaparece la satisfacción. Por ejemplo, en algún tiempo, escribir lograba liberar las toxinas de mi mente. Hoy, ahora, ya todo está tan desgastado que estoy harto de hacerlo, de leer, de ver vídeos, de escuchar música, de salir, de escuchar a la gente cercana. Sí, dejé la motivación, pero más que ello, dejé una parte de mí en algún lugar. Me siento vacío, solo, fracasado y sin esperanzas. Me dejé llevar. Ya no le puedo echar la culpa a nadie. Sí, se cayó la estrella y colapsó contra la tierra llena de vida haciendo destrozos. Tal vez y sólo tal vez, si se repite la historia, podrá resurgir vida en nuevas formas, porque ésta ya la perdió.
Me gusta que me ayuden a visualizar las diferentes voces del ego.
La más frecuente es la inseguridad: con la que hablo, con la que camino, con la que toco, me relaciono y vivo. La inseguridad se transforma en miedos, enojos, idealización de alguien/algo, depresión. Y a veces todo eso intenta endurecer lo frágil, que acaba por aplazar lo imprescindible: la aceptación de lo vulnerable como la mejor manera de ser fuerte. Sólo así y no al revés, es como se aprende; por ejemplo, al caer de una bici, es mejor dejarse caer y aprender los movimientos necesarios a endurecerse para no perecer y lastimarse más.
Sí, es cierto que el ego está en mí, pero habrá que canalizarlo de la mejor manera, para mover y no estacionar la bici.
No hay forma en que pueda mantenerme sin sentirme asfixiado. Busco siempre las formas más creativas para abrir una salida de la forma más fastidiosa para que se quede así, abierto por mucho tiempo. No siendo eso suficiente, soy muy osado y valiente al atreverme a entrar y salir cuando quiera, escapando de los tentáculos de la ley que me rige. No hay forma más estúpidamente feroz de vivir que ésta. Siempre ha de ser un placer hacerse la víctima… Como las serpientes que aparentan inocencia para atrapar a sus víctimas. Así es como acabo con mis presas, todo lo que se encuentre a mi mano. Mi cerebro guarda un exceso de información valiosa e irrelevante que me ayuda a caminar por todos los terrenos. Es un orgullo la versatilidad de mi mente.
Pero no todo es luz.
El riesgo siempre está ahí, atacándome como veneno en la sangre. Esa ferocidad es mortal y, aún consciente de la vulnerabilidad, me aviento del edificio. Sí, es una droga más fuerte que la adrenalina de la que me he vuelto adicto. Ahora mis movimientos se entorpecen. Sigo haciendo las mismas cosas, pero es más claro el auto-daño. Con el placer de la droga vienen otros efectos secundarios, ejemplo de ello es la más temida enfermedad que infunde terror en mi ser: la ceguera existencial. Ahí estoy porque huyo de lo que vivo, con lo que coexisto. Pareciera que traigo unos lentes de realidad aumentada, porque todo es un reto por derrotar/ escapar de: mis sentimientos, mis deberes, mis padres, mí mismo.
Sí, creo que me he ganado ese título a pulso: soy un escapista, pero uno muy sobrevaluado.
Hay problemas de intolerancia en mi ser.
Intolerancia hacia mis actos, pensamientos, pasos, palabras.
Siendo yo, primero intolerante conmigo mismo, después extenderlo hacia los demás.
4. 5. 2014
La soberbia, dice padre. La desobediencia, dice madre. El pecado, dice iglesia. La procrastinación, dice maestra. La falta de profesionalismo, dice jefa. El poco talento, dicen sinodales. El tiempo, dice hermano. La intolerancia, dice hermana. Los celos, dice amor.
Y yo, los narro. Me narro.